Francisco Sánchez del Rosario, enhestador de nuestro nombre y apellido, por primera vez.
Publicado Por: Rafael Fernández (fey)
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Francisco del Rosario Sánchez, el más joven de los patriotas independentistas. Nacido en la ciudad de Santo Domingo un 09 de Marzo de 1817. Sus progenitores lo fueron: Narciso Sánchez y Olaya del Rosario. Su sentimiento patriótico lo fue adquiriendo desde pequeño por su padre, al igual que del sacerdote Gaspar Hernández. Estos fueron los guías principales en su educación.
En el grupo que conformaban los trinitarios, Sánchez, era el político que con su carisma lograba persuadir o convencer a sus adversarios y a las grandes masas de la necesidad de separación. Era una de las personas de mayor confianza de Duarte, dentro de la agrupación de los trinitarios. Pues, luego del primer exilio de Duarte, asume el control y liderazgo del grupo. Momentos después del triunfo del movimiento “reformista” que derrocó a Boyer, Sánchez es perseguido por las tropas de Charles Herard. Muy habilidoso hace correr el rumor de su muerte, para evitar ser capturado y seguir el proyecto independentista de manera clandestina. Unas de sus grandes obras fue la redacción del “Manifiesto de independencia”.
Cabe señalar, que por sus condiciones como líder y militar se le encomienda presidir la Junta de Gobierno donde dirigiría los destinos de la naciente república. Es reconocido por ser el protagonista principal del inmortal momento, cuando por primera vez se iza nuestro nombre y apellido (República Dominicana) encarnado en la bandera nacional, cuyo lema enarbolaba las palabras de “Dios, Patria y Libertad”. Con este acontecimiento quedó fundada la naciente patria de República Dominicana.
Cuando el Estado dominicano se solidifica con la conformación de la Junta Central Gubernativa, que le daba personaría Jurídica a la naciente república, solo Sánchez y Mella pertenecían al grupo de los independentistas, pues los demás miembros eran pertenecientes al sector poderoso del país. Esto motivó a que la primera república fuera sucedida por el poder dentro de estos sectores, encabezados por Báez y Santana. Por esta razón, la junta integrada por patriotas republicanos es desconocida por Pedro Santana, quien regresa de Azua y somete a prisión a sus integrantes, algunas voces proponían que fueran fusilados. En agosto de 1844, a pocos meses de haber sido fundada la República, sus auténticos gestores, liderados por Duarte, Sánchez y Mella son declarados traidores a su propia obra política y expulsados de por vida del territorio nacional.
Aunque, Sánchez en un instante representó los intereses de Santana, cuando se enteró de los deseos anexionistas, se opuso rotundamente, porque veía sus ideales nacionalistas lesionados. Esta oposición le costó su tercer exilio. Al regreso del exilio sin recursos económicos mantiene su lucha contra la traición y venta de la patria. Promueve la unidad de todos los dominicanos y viaja hacia Haití en busca de ayuda del presidente Geffrard. Este lo intentó convencer para que le diera apoyo, como militar, para dirigir una invasión al territorio dominicano y así evitar la anexión de la República Dominicana a España. Escuchadas estas palabras, Sánchez le respondió diciendo: “la presencia española en la parte Este de la isla no le convenía ni a los haitianos, ni a los dominicanos; y por tanto, lo más conveniente para ambas naciones era que permanecieran dos repúblicas independientes en el mismo territorio”. El presidente de Haití ordena su salida del país, pero luego ve conveniente su posición y le pide regresar para darle su apoyo.
Su frase siempre será recordada “entro por Haití porque no lo puedo hacer por otra parte”. Y así deja conformado un nuevo movimiento denominado “la Regeneración Dominicana”, para luchar contra las pretensiones anexionistas de Santana. Su manifiesto es digno de recordar cuando afirma, frente a sus enemigos: “Yo soy la bandera nacional”.
Sánchez fue capturado y fusilado el 04 de Julio de 1861 en San Juan, junto a sus compañeros. Antes de morir quiso responsabilizarse de todos los hechos, para salvar la vida de sus compañeros, pero fue en vano. Murió nombrando el nombre y apellido de República Dominicana. Esta labor lo hace merecedor de los calificativos de: “Fundador y prócer doble de la patria”. Sus restos descansan en el Altar de la Patria, junto a los de otros patriotas dominicanos.


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